zig-zag y diagonales
Hacia afuera no tengo la costumbre adquirida de soñar, cuando quedo contigo me pongo las botas y por arriba lo que sea, me lleno la boca con la palabra e s t u p e n d o, y no me gustan los pinos viejos. Tampoco tengo la sensación (nunca, por supuesto) de que tras tanto escribir me voy a quedar sin palabras para expresar lo que encierra mi materia gris, no echo de menos y no creo que las lÃneas sean rectas.
No creo que nos podamos cruzar en el camino y eso que hay muchas maneras -en diagonales, zig-zag, perpendicularmente, paralelo y superpuesta-, ni pienso que siempre que se dice un adiós alguien te pueda responder un hola. Tampoco creo que mi palabra sea mi mejor arma, que cante mal o que cuando duermo pueda ir a la ciudad del viento.
De boca para fuera no espero ni trato de ser a veces como un fantasma, ni desaparezco: soy un ángel desteñido y tan sólo vivo del aire. Tampoco trato de rellenar las veinticuatro horas del dÃa ni sufro, a veces, insomnio y nunca me visto de rosa pastel ni derivados (menos mal que pocos me han visto).
Ni me gusta la fotografÃa, ni el arte, ni dibujar, ni escribir y adoro comer (¡camarero, cuando pueda otro bistec con patatas asadas!); tampoco me gusta caminar, ni viajar, ni mi Sevilla, ni la música y mucho menos soy feliz porque en breve veo a Serrat (que es único, recuerda).
Y ya el broche lo coloco diciendo que adoro el crochet y que me encanta el colacao, aunque, llegados a este punto creo que no hace falta decir qué queda en el interior (o de boca para dentro, como prefieras). ¿O s�.
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