En un día grisáceo

Publicado por on mar 29th, 2007 y clasificado en BlogsLandia. Puedes seguir cualquier respuesta a esta entrada a través de la RSS 2.0. Puedes dejar una respuesta, o trackback a esta entrada

<div class=’rss_chapo’><p>E. y s. se ven de tarde en tarde</p></div>
<div class=’rss_texte’><p>Tan sólo pasamos unas horas juntos y ya estoy escribiendo, pero tranquilos que tiene justificación ¿eh?. E. y s. se ven de tarde en tarde, elijen un sitio al azar de Sevilla como punto de partida <i>(hoy se me antoja en San Pedro, ¿te hace?)</i> y arrasan con ella <i>(que del pescado sólo se dejan las espinas, cabeza y cola).</i></p> <p>s. esperaba justo en frente del puesto que hay en el principio de la plaza, en un primer momento se encontraba anotando alguna cosa que otra en su libreta, luego estuvo también hablando con Jorge <i>(su profesor de restauración en madera)</i> y después jugando a buscar a E. entre las caras que van pasando.</p> <p>El puesto permanece abierto <i>(apenas eran las dos y media)</i> y s. decide comprarse un paquete de pipas como aperitivo o entretenimiento <i>(ya que justo ese día no metió libro en su bolso rosa de pana)</i>. Se pone cerca de una papelera para no llenar toda la acera de cáscaras y comienza, pipa tras pipa, la breve espera porque, de repente, de entre todas las caras una se asoma por su derecha y es la de E.; de la mano viene mi sonrisa, un abrazo y un suspiro de saber que se me complica la tarea si no consigo ser como un ratito de silencio entre los días ruidosos.</p> <p>Transcurre el paseo entre el punto, charlas serias y otras más amenas; entre el odio y el asco que, con cariño, s. y E. se confiesan. Recuerdan sus días en el parque de Maria Luisa <i>(aunque s. se guarda uno en el bolso, ese no lo saca de paseo),</i> suben y bajan el monte Gururú y luego camino a la parada del cinco.</p> <p>Pasan algunos autobuses <i>(el treinta y tantos, el veintitantos,…)</i> y coches hasta que, por fin, aparece el que tiene que coger E. Abrazo, dos besos y un “si me necesitas…” <i>(y lo que sigue).</i> s. emprende el camino hacia su casa con la incertidumbre de si la sonrisa de E. se mantendrá un poquito más.</p> <p>Ya una vez en casa, a las tantas de la madrugada tras haber conseguido dormir varias horas, s. le da una respuesta al mensaje de E. y, para variar, no puede evitar comenzar a escribirlo aunque tan sólo sea para asegurarse una sonrisa más en un día grisáceo.</p> <p><strong> <i>*A mi E. (Te presto un pincel para pintar de color las nubes).</i> </strong></p></div>

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