gritos, bocinas en los atascos, gruñidos,…
De nuevo me he cruzado con Matarile justo en el fondo del mar y después de un largo rato caminando, sin encontrar rastro de las llaves, me confiesa que últimamente todo le desborda de nada y que las palabras no llevan a ningún sitio; sin embargo no puede dejar esta madeja infinita sin orden y con desconcierto, asà que sigue buscando. Yo, en cambio, añoro el punto de partida que ya se convirtió en otra cosa y, suspiro a suspiro, me guardo en mi bolso marrón las poesÃas subrayadas con lápices de colores, con anotaciones en los márgenes y con rastas de porcelana.
Seguimos entre algas y peces explorando dónde se ha podido esconder un agosto perdido. A mà me parece que haya pasado más de un mes porque todo en esos lugares es tan rápido y tan lento a la vez, que una no sabe a que atenerse, pero en cambio ella ya está acostumbrada a vivir asÃ: llena de agua y sin llaves. Quizás lo peor de esto es que al final te adaptas a todo.
DeberÃamos asesinar (a sangre frÃa) el tedio de un puzzle sin acabar, regresar para descubrir que mañana la luna será llena y no seguir por estos cÃrculos que a veces son concéntricos. Pero al final sólo la pinto de memoria aunque por dentro una se muere de ganas de escuchar aquello que antes echaba de más (gritos, bocinas en los atascos, gruñidos,…) y Matarile remueve la arena mojada.
Desde entonces se va corriendo la voz (de pez a pez) sobre que el tiempo pasa distinto o simplemente no pasa y hay pujas sobre si Matarile encontrará las llaves de una vez o si nos perderemos por el Atlántico junto a los olvidados dÃas de lluvias en el desierto.
Popularity: unranked [?]