de nuestras bocas
La acción es enemiga de la reflexión por eso al principio, entre besos, me dejabas mil palabras calladas y luego, cuando me decÃas cosas asà (rosa pastel o moradas), se me escondÃan más en mi cabeza porque ninguna se siente lo suficientemente grande para ser entregada a ti. Poco a poco estábamos a ras del cielo porque nació nuestra piel cuando la ciudad ya dormÃa (ahora cuéntame las estrellas y mueve pieza).
Comenzamos la marcha de aquellos sueños que, antaño, quedaron dormidos y ni el viento podÃa recoger el espacio de aire que quedaba entre nosotros. Era tan denso, tan pequeño y pesado, que no podÃa otra cosa que permanecer ahà junto a nosotros; era como la miel que se queda pegada en las celdas hexagonales de los panales, asà de intenso, asà de dulce.
Como una tromba caÃa el amor entre la mirada profunda y tus labios carnosos. Éramos un juego de moléculas inestables que no encuentran su sitio, que se mueven rápidas, descompasadas, en cadenas de tres, lentas y, de nuevo, acompasadas; tan sólo podÃamos desplegar la baraja llena de ases para comenzar a extraer lo máximo de nosotros mismos o parecernos al cÃclope que menciona Cortázar.
Como libélulas volaban las pestañas en calma (planeando más bien), ya que los ojos preferÃan permanecer más tiempo abiertos, contemplando. Las yemas de mis dedos indagaban un poco debajo de tu camisa mientras no podÃamos respirar más aire que el que salÃa de nuestras bocas, de nuestros pulmones; comenzaba a amalgamarme con el contorno de tus caderas, a perder la distancia fundiendo la pequeña capa de hielo que, hasta ese momento, nos mantenÃa en dos cuerpos distintos. Y ahora éramos sólo uno.
*A veces creo en sueños (im)posibles.
Popularity: unranked [?]