Moléculas inestables

Publicado por on jun 3rd, 2007 y clasificado en BlogsLandia. Puedes seguir cualquier respuesta a esta entrada a través de la RSS 2.0. Puedes dejar una respuesta, o trackback a esta entrada

de nuestras bocas

La acción es enemiga de la reflexión por eso al principio, entre besos, me dejabas mil palabras calladas y luego, cuando me decías cosas así (rosa pastel o moradas), se me escondían más en mi cabeza porque ninguna se siente lo suficientemente grande para ser entregada a ti. Poco a poco estábamos a ras del cielo porque nació nuestra piel cuando la ciudad ya dormía (ahora cuéntame las estrellas y mueve pieza).

Comenzamos la marcha de aquellos sueños que, antaño, quedaron dormidos y ni el viento podía recoger el espacio de aire que quedaba entre nosotros. Era tan denso, tan pequeño y pesado, que no podía otra cosa que permanecer ahí junto a nosotros; era como la miel que se queda pegada en las celdas hexagonales de los panales, así de intenso, así de dulce.

Como una tromba caía el amor entre la mirada profunda y tus labios carnosos. Éramos un juego de moléculas inestables que no encuentran su sitio, que se mueven rápidas, descompasadas, en cadenas de tres, lentas y, de nuevo, acompasadas; tan sólo podíamos desplegar la baraja llena de ases para comenzar a extraer lo máximo de nosotros mismos o parecernos al cíclope que menciona Cortázar.

Como libélulas volaban las pestañas en calma (planeando más bien), ya que los ojos preferían permanecer más tiempo abiertos, contemplando. Las yemas de mis dedos indagaban un poco debajo de tu camisa mientras no podíamos respirar más aire que el que salía de nuestras bocas, de nuestros pulmones; comenzaba a amalgamarme con el contorno de tus caderas, a perder la distancia fundiendo la pequeña capa de hielo que, hasta ese momento, nos mantenía en dos cuerpos distintos. Y ahora éramos sólo uno.

*A veces creo en sueños (im)posibles.

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