Hoy cerramos por defunción de alma.
Es hora de recapitular pataletas, de abandonar esos rumbos que van a los hilos, de dejar esos bailes en los que el acompañante se llama Enemigo y las habitaciones de albergues donde sólo se pierde el apetito para purificar el corazón. Hoy cerramos por defunción de alma, pero mañana volveré a caminar con mi culo en alto.
Ayer… en cambio ayer, los pies se me movÃan automáticamente sin poder evitarlo, iba al borde del abismo, pero las lágrimas sólo traen dolores de cabeza. La pasada noche se deshilachó la piel, el aire, las estrellas que no recuerdo y los flamingos de porcelana que estaban en un celo desbocado, mimando cada minuto con mordiscos en los costados, en las entrañas. Los olivos estaban dispuestos en fila india, como si fueran cipreses, y no se desprendÃan de su apariencia de sauces llorones.
Hoy el dÃa es una bocanada de aire viciado, pero me toca vestirme de buzo y marcarme unas cuentas notas improvisadas. Hoy no estoy ni para mà y soy una madrugadora sin imaginación, sin sur ni para la influencia de la soledad, asà que tengo que cerrar los ojos y dejarme inyectar unos dÃas de gabardina para mi alma. Hoy voy a empezar mientras me cepillo los dientes.
Ayer… ayer las hileras indispuestas de luces de rojo burdel se mezclaron con la frialdad de un cirujano, reminiscencias y madres haciendo de supervivientes; los neones tan sólo generaron precipitaciones insolubles al alma, callejones estrechos donde no quedó ni una brizna de aire y un poco de desesperación a dos ruedas. Suena el teléfono, prepárate a dejar tu mensaje grabado en un contestador lleno de lluvia, que hoy el alma me raspa, pero mañana… mañana colocaré otra piedra para poder saltar detrás de la tapia.
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