Una razón de hormiga contra cigarra*

Publicado por on jun 25th, 2007 y clasificado en BlogsLandia. Puedes seguir cualquier respuesta a esta entrada a través de la RSS 2.0. Puedes dejar una respuesta, o trackback a esta entrada

Frase sacada del capítulo tercero de Rayuela, Julio Cortázar.

En medio de la cama a veces todo está difuminado. Das vueltas hasta que tu estómago te dice que no lo demores más, así que entonces te levantas y llega el tedioso camino hasta la cocina. Abres el frigorífico y te encuentras evitando los alimentos que no hacen bien la digestión (pongamos por ejemplo un poco de revolución, utopía, coacción,…) y acabas por servirte un buen tazón de libertad.

A veces la mañana se pasa rápida y te topas con que para comer están las ensaladas de dialéctica y metafísica de esa que termina en rizo y se acompaña con mayonesa, una razón de hormiga contra cigarra (siendo tu la cigarra, claro). Te das cuenta de que lo que comienzas a mover con el tenedor (aunque con la comida no se juegue) sabe al humo de los coches, a los locales de moda, la gente (por lo menos) y a más epílogos atragantados –y palabras foráneas, y más paginas-. Y que termina el dialogo cuando se levanta el plato de la mesa (ha sido un placer, esta noche nos reencontramos en la cena).

Algunas personas toman su acostumbrada siesta, otros se recluyen en su cuarto para hilar palabras, con el silencio como abrigo. Pero al final es lo mismo, todo nos encamina hacia la última comida del día, tomes o no un aperitivo llamado merienda, veas o no la caja tonta, corras o vayas despacio.

Pero luego… qué hacer cuando la lucidez se cuela en la cama y nos hace el amor, o cuando construir y destruir dejan de ser palabras contrarias, cuando Londres y Sevilla son lugares comunes y la música dance se coge de la mano con el jazz. Qué hacer entonces, cuando se sabe que se acerca un irremediable –e inevitable, ineludible, incontrolable y quizás decrépito- después.

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