Archive for marzo 2007

Una pila de cadáveres en un plato

<div class=’rss_chapo’><p>¿ácida 100%?</p></div>
<div class=’rss_texte’><p>Unos dirían que soy ácida al cien por cien al tratar este tema así, pero como puedes ver hay una pila de cadáveres en un plato donde están colocados sin orden ni concierto <i>(no tengo yo la culpa de esto).</i> Permanecen estáticos, ya ajenos a todo <i>(ni el ruido del alrededor, ni limón, ni el olor a sus carnes calientes)</i> y parece que siguen ahí postrados esperando a que un metal, con temperatura ambiente, se acerque y les despoje de sus cabezas y pieles en el acto.</p> <p>Instantes después unos le añaden limón y sal a los cuerpos ya sin vida <i>(yo lo tomaré sólo, por favor)</i> para comenzar a comérselos, sin embargo yo me retracto lo suficiente como para quedarme observando la escena: todos como caníbales hambrientos haciendo caso omiso de la guarnición de patatas. Aparto un poco el plato de mí pero luego comienzo a comer, también, uno tras otros aquellos despojos <i>(a regañadientes y no sin cara de asco).</i></p> <p>Y es que visto así, hasta un plato de carne o pescado puede resultar poco o nada atrayente. Y es que así, poco a poco s. comienza a cultivar, entre frutas y verduras, su parte vegetariana.</p></div>

En un día grisáceo

<div class=’rss_chapo’><p>E. y s. se ven de tarde en tarde</p></div>
<div class=’rss_texte’><p>Tan sólo pasamos unas horas juntos y ya estoy escribiendo, pero tranquilos que tiene justificación ¿eh?. E. y s. se ven de tarde en tarde, elijen un sitio al azar de Sevilla como punto de partida <i>(hoy se me antoja en San Pedro, ¿te hace?)</i> y arrasan con ella <i>(que del pescado sólo se dejan las espinas, cabeza y cola).</i></p> <p>s. esperaba justo en frente del puesto que hay en el principio de la plaza, en un primer momento se encontraba anotando alguna cosa que otra en su libreta, luego estuvo también hablando con Jorge <i>(su profesor de restauración en madera)</i> y después jugando a buscar a E. entre las caras que van pasando.</p> <p>El puesto permanece abierto <i>(apenas eran las dos y media)</i> y s. decide comprarse un paquete de pipas como aperitivo o entretenimiento <i>(ya que justo ese día no metió libro en su bolso rosa de pana)</i>. Se pone cerca de una papelera para no llenar toda la acera de cáscaras y comienza, pipa tras pipa, la breve espera porque, de repente, de entre todas las caras una se asoma por su derecha y es la de E.; de la mano viene mi sonrisa, un abrazo y un suspiro de saber que se me complica la tarea si no consigo ser como un ratito de silencio entre los días ruidosos.</p> <p>Transcurre el paseo entre el punto, charlas serias y otras más amenas; entre el odio y el asco que, con cariño, s. y E. se confiesan. Recuerdan sus días en el parque de Maria Luisa <i>(aunque s. se guarda uno en el bolso, ese no lo saca de paseo),</i> suben y bajan el monte Gururú y luego camino a la parada del cinco.</p> <p>Pasan algunos autobuses <i>(el treinta y tantos, el veintitantos,…)</i> y coches hasta que, por fin, aparece el que tiene que coger E. Abrazo, dos besos y un “si me necesitas…” <i>(y lo que sigue).</i> s. emprende el camino hacia su casa con la incertidumbre de si la sonrisa de E. se mantendrá un poquito más.</p> <p>Ya una vez en casa, a las tantas de la madrugada tras haber conseguido dormir varias horas, s. le da una respuesta al mensaje de E. y, para variar, no puede evitar comenzar a escribirlo aunque tan sólo sea para asegurarse una sonrisa más en un día grisáceo.</p> <p><strong> <i>*A mi E. (Te presto un pincel para pintar de color las nubes).</i> </strong></p></div>

Manos a la obra

<div class=’rss_chapo’><p>Hay mucho que hacer</p></div>
<div class=’rss_texte’><p>A las dos y cuarenta y siete de la madrugada mi muso de dice que ya he dormido suficiente <i>(¡venga s. despierta, hay mucho que hacer!)</i> y mientras me voy haciendo a la idea de que mi miércoles comienza antes de tiempo, él, al menos, me canta la distancia que hay entre el y yo.</p> <p>Entre hacerme la remolona <i>(¡un poquito más!)</i> y dar dos vueltas de edredón y cuerpo, abro los ojos de manera ya más definitiva y comienza la tarea de bajar la escalera –y de mirar el reloj <i>(¡aún ni las tres!, no me lo puedo creer…)</i> e ir al servicio, con prisas, porque las ideas brotan y se superponen unas a otras como si de una pelea de niños se tratase <i>(¡yo primen, yo primen!)-.</i></p> <p>Repaso un poco las cuentas del tiempo que llevo invertido en dormir esta semana <i>(dos días de insomnio y, tras llegar de dar la segunda vuelta del día, dormir de doce y pico a dos cuarenta y siete),</i> miro los platos que están por fregar y que mi escritorio vuelve a ser víctima del remolino de la inspiración <i>(hay tantas cosas empezadas y por terminar…).</i> Luego, por fin, abro la vitrina donde conservo los tarritos para empezar con mi alquimia <i>(hoy mezclaré más palabras que sentimiento y quizás alguna línea de doble sentido, sí, y bueno, ya que estamos añadiré un poquito de sal)</i> y me pongo manos a la obra.</p> <p>Mientras tanto, de vez en cuando, se me escapan miradas sonrientes –casi cómplices- al calendario y es que de este mes, por suerte, he sacado ya varios zumos –de collages, ajustes, una pizca de calma y sonrisas- y, en las tostadas, no me he tenido que comer ninguna de mis palabras.</p></div>

Menudo comienzo

<div class=’rss_texte’><p>Me levanto todos los días para ir al trabajo, qué desagradable costumbre, y como tengo una vena masoquista me instalo con mi café delante del televisor, a contemplar las desgracias ajenas.</p> <p>En alguna ocasión me he tragado los episodios de la Pantera Rosa, o me he puesto a leer un buen libro, y francamente se me despierta el buen humor para acudir a mi cita con la nómina. Pero siempre vuelvo a caer con las noticias y las mencionadas desgracias. No sé porqué me fascina tanto lo mal que está el mundo (permitidme la frasecita digna de una tertulia de…… ¡LA CAMPOS!).</p> <p>Siempre creo que nada puede superar los cientos de desaparecidos en tal sitio, o las demasiadas mujeres muertas a manos de sus parejas, o los miles de palestinos masacrados (1000 muertos contra 150 del otro bando…que curiosas son las matemáticas), o los niños maltratados, o las mil barbaridades y accidentes mortales que entran en mi cerebro a través del bicho ese que llamamos tele….y todos los días, increíblemente, algo supera lo del día anterior, y al siguiente otra vez, y así por los siglos….</p> <p>Quizás me obligo a mantenerme informada porque es una forma de solidarizarme, de que no quede en el olvido lo que pasa a mi alrededor, de estar alerta en lugar de limitarme a ignorar todo lo que no es hermoso y de color rosa.</p> <p>Pues cuesta, claro que si, porque mientras yo me tomo mi café, y me voy a mi trabajo, y dejo pasar el día hasta que llega el siguiente….mientras tanto, digo, hay gente por ahí, lejos o cerca cuya vida es un infierno… y procuro no olvidarlo. Sólo así sé lo mucho que vale lo que tengo alrededor, y lo frágil que es.</p></div>

De boca para fuera

zig-zag y diagonales

Hacia afuera no tengo la costumbre adquirida de soñar, cuando quedo contigo me pongo las botas y por arriba lo que sea, me lleno la boca con la palabra e s t u p e n d o, y no me gustan los pinos viejos. Tampoco tengo la sensación (nunca, por supuesto) de que tras tanto escribir me voy a quedar sin palabras para expresar lo que encierra mi materia gris, no echo de menos y no creo que las líneas sean rectas.

No creo que nos podamos cruzar en el camino y eso que hay muchas maneras -en diagonales, zig-zag, perpendicularmente, paralelo y superpuesta-, ni pienso que siempre que se dice un adiós alguien te pueda responder un hola. Tampoco creo que mi palabra sea mi mejor arma, que cante mal o que cuando duermo pueda ir a la ciudad del viento.

De boca para fuera no espero ni trato de ser a veces como un fantasma, ni desaparezco: soy un ángel desteñido y tan sólo vivo del aire. Tampoco trato de rellenar las veinticuatro horas del día ni sufro, a veces, insomnio y nunca me visto de rosa pastel ni derivados (menos mal que pocos me han visto).

Ni me gusta la fotografía, ni el arte, ni dibujar, ni escribir y adoro comer (¡camarero, cuando pueda otro bistec con patatas asadas!); tampoco me gusta caminar, ni viajar, ni mi Sevilla, ni la música y mucho menos soy feliz porque en breve veo a Serrat (que es único, recuerda).

Y ya el broche lo coloco diciendo que adoro el crochet y que me encanta el colacao, aunque, llegados a este punto creo que no hace falta decir qué queda en el interior (o de boca para dentro, como prefieras). ¿O sí?.

La soledad al cuadrado

barriendo la soledad

Hoy me duele el estómago, son las tres y cuarto de la madrugada, tengo el pelo más corto y la mesa llena de papeles (y luego me dicen maniática del orden); hay una fiesta en mi azotea (el viento baila con el polvo), los conceptos se equivocan y comienzo a tener la punta de la nariz colorada (como un pimiento morrón).

Voy barriendo la soledad (como quien cepilla la arena de la playa), el veinticuatro de agosto lo borro del calendario -junto a los mocos y los recuerdos- y cada segundo que es como una astilla; también me tomo un café con cucharadas de reflexión (¡dos menos por favor!) y me confieso en carne viva (porque no sólo soy un dato estadístico y porque una vez fui pelirroja).

Como si el viento quisiera impedir que hablemos, crece la soledad al cuadrado -en la nevera, el cuarto y las calles- y tenemos tan sólo doce horas para vaciar la maleta y llenarla de nuevo (¡corre, que el viaje empieza aunque no te subas al tren!). Me digo un “cuidado, no te olvides de meter las botas por si el suelo amanece mojado” y de camino añado sinónimos y antónimos (que como decía mi padre, más vale que sobre…). A veces incluso estamos en venta (bueno, nosotros no, nuestro trabajo) y nos faltan las risas sin pintar, excursiones por realizar (sí, aún somos pequeños) y sobran algunos nudos que terminan por desenredarse (pero no te emociones, sólo sucede con el paso de los años).

Entonces ordeno un poco mi escritorio (quizás tengan un poquito de razón) y hoy reflexiono sobre que hubo un concierto al final de mi semana y que el resto estuvo tranquilo (menos cuando de escribir se trataba); me tapo la boca, me desordeno el pelo y me como a cucharadas grandes (sí, de esas que son soperas) para que se acabe antes de mi plato, la soledad al cuadrado.

Hay guerras cada viernes

parte primera: para quien quiera, claro

Con este titulo daré paso a las actividades que vamos haciendo petardaloca y yo en el taller de creación literaria en el que estamos apuntadas (vamos, más bien daré las pautas que José Carlos, nuestro profesor, nos marca). Así que cuando lo veas: manos a la obra o sáltatelo (de oca en oca y tiro porque me toca), o bueno, no te sulfures, que también puedes imprimirlo y hacerte un avioncito o cualquier otra cosa (será por opciones…).

En el primer escrito se trata de utilizar al narrador como protagonista (cosa que yo suelo hacer y no por narcisismo), hay que hacerlo a modo carta. Las técnicas a utilizar:

• Elegir un tono y mantenerlo durante el transcurso de la carta.

• Emplear elementos que se repitan a lo largo del relato.

• Argumentar el porqué a día de hoy (teniendo otros medios como el teléfono, e-mail,…) utilizamos la carta.

• Justificar a quién escribimos (es decir, no utilizar un nombre aleatorio y ya está).

Como consejos dijo que era preferible ser sinceros y no inventarnos muchas cosas porque tiende a notarse, también debemos procurar no matar a nuestro personaje (cosa que al parecer es muy común) e intentar transmitir lo que queremos sin tener que dar explicaciones después (es decir, por ejemplo si quiero expresar agobio hacerlo palpable en las palabras usadas, en el modo de ponerlas, casi atropellándose unas a otras o intensas, sudorosas, pegajosas y estresadas). También que tratásemos de rellenar como mínimo cuatro o cinco folios, y, claro, para eso tienes que tener mucho que contar o una buena inventiva, si no andas perdido (yo me libré porque soy muy detallista o este mes está cargado de buenas nuevas, como se decía).

Por último (si, podéis comenzar a hacer la ola que ya cierra el chiringuito) de ejemplo usó un texto de Cortázar llamado carta a una señorita en París. De él comentó que Julio se dio cuenta de que había tenido una buena idea pero que se encontraba en un punto en el que había resuelto el problema de los conejitos y ahora no sabía que hacer con lo cual tuvo la opción de hacer que su personaje se fuese a la tarea de comisiones y al volver su idea inicial hubiese cambiado, con lo cual dejaba pinceladas sin perfilar sobre el justificante de porqué le escribía la carta (en un principio de una forma y acabar de otra).

Pues bueno, ahora yo me voy vivita y coleando, me como una ficha y desaparezco contando cuarenta (¿qué pasa, nunca jugaste al parchís?) y cierro este escrito con una gota de tinta por punto y final (y no, no sigas buscando que ¡hoy ya no hay más!).

Bajo la manga

sólo precisa unos ojos

Cuando uno se cansa de esconderse tras una sonrisa parece que va a aparecer incluso por el telediario (pero no te preocupes que podemos demorarnos y bailar por las calles un poco más porque no somos de noticia) y no se sabe si seguir siendo aquel títere con zapatos que deja salir tan sólo las verdades entre telas o acudir al recurso que solemos hacer por esas fechas. Mi respiro en ese caso sería escribir un texto para desahogarme y claro, luego viene el suma que te suma la pila de versos tristes (apenas cabrían en una maleta de mano).

A veces pienso que cuando todo se derrumba es tan fácil dejarse llevar por el n o que comenzar a construir los cimientos (shh, no trato de ir creando polémicas), pero por suerte yo siempre guardo un As bajo la manga, por si se me cae el mundo por ambos lados de la cama o me viene la incertidumbre (¿qué me pongo yo para tanta cosa?). A estas alturas del camino pocas cosas me desarman (pero haberlas haylas, como las meigas) y de boca para dentro las guardo (aunque digo yo que sólo precisa unos ojos).

A veces pienso que lo mejor es utilizar loctite ya que las colas orgánicas si se pueden volver a deshacer con un poco de calor (aunque para la restauración en madera es la más conveniente utilizar). Sí, confieso que sufro un poco de deformación profesional pero… a lo mejor consigo dejarte tan rayada por un momento que igual te arranco una sonrisa y me la guardo al bolsillo (sí, para enseñártela cuando digas que no hay nada bonito en el día, porque tus sonrisas lo valen).

Quizás lo más sabio por mi parte sea matarte de un achuchón cuando te vea (matarte las penas, ¿eh?). Porque aunque no es un camino fácil el que te queda por recorrer, es más sencillo cuando se va con una luz (ya sea linterna, mechero,..) a cuando las lágrimas no te dejan ver ni tus pies.

*A Caro. (Siempre tienes mi mano pequeña).

Soy un zapato nuevo

<div class=’rss_chapo’><p>Y de la talla treinta y seis</p></div>
<div class=’rss_texte’><p>Aún huelo a nuevo aunque ya el plástico cobertor se cayó hace tiempo, tengo pocos pasos dados por eso a veces aún chirrío al roce del suelo y, aunque no lo pretenda, por donde paso voy formando un alboroto <i>(sobre todo si el suelo es mármol o de madera).</i> A mi alrededor hay más zapatos –gastados, sucios, nuevos, llamativos, viejos y etc.-, pero ninguno cumple mis requisitos.</p> <p>Yo soy un zapato nuevo <i>(sólo tengo mis primeros pasos),</i> la talla treinta y seis, de tacón y estilo pero soy cómodo –confortable, completo y cuidado-; mi color intenta ser discreto <i>(aunque según me combinen llamo más o menos la atención),</i> estoy hecho para el pie izquierdo y mis trazos son limpios y finos <i>(con acabado de Manolo Blahnik estilo Carmine pero más a lo Mari Paz).</i></p> <p>Cuando me dieron a elegir yo preferí ser de uso a diario <i>(por favor),</i> me enerva saberme en una caja guardado, aunque a veces reconozco que no me apetece pasearme por las calles de Sevilla. A mi edad, cuando leo <i>(si, los zapatos también leemos ¿Qué te has creido?),</i> me da pena la vida que les han encauzado a llevar a algunos de mis coetáneos y me alegra haber caído en buenas manos<i> (con cuidados de paño y cremas de Kanfor),</i> porque no podremos elegir quien nos hace pero sí quien nos compra<i> (¿o tampoco?).</i></p></div>

Sevilla de obras y yo con mini falda

<div class=’rss_chapo’><p>A veces tengo un salero que ni yo me lo creo</p></div>
<div class=’rss_texte’><p>Si es que a veces<i> (sólo a veces)</i> hay que hacerle más caso a las madres. Mira que mi madre me dijo un “¿así vas a salir?” con tono de: ni es temporada ni me gusta que vayas enseñando muslos<i> (cuanto más tapaditas nos vean mejor),</i> y claro, ante esa situación tiende a salir la parte rebelde que espera dormida hasta que se da, justo, uno de estos momentos y se te pone en la boca un refrán “lo que no se luce…” <i>(y aquello que dijimos).</i> Y te plantas tus botas altas, tu maquillaje, sombrero y valentía <i>(toda conjuntada, sí, pero oye, que falta algo de falda ¿no?),</i> pero todo se desmorona cuando se pisa la calle y se dan varios pasos, creo que es inevitable el pensar un Sevilla de obras y yo con mini falda <i>(anda que vaya arte, niña).</i></p> <p>Voy intentando sacarle más tela aunque ya se que donde no hay, por más tirones que le dé, no voy a conseguir nada, y, para colmo del consumidor, no se si con eso lo único que hago es llamar aún más la atención, pero claro, tampoco puedo dejar así en un baila que te baila la falda<i> (porque una, pese a todo, tiene pudor).</i></p> <p>Y no se, luego pienso que tampoco habría que darle más vueltas a los pliegues, es un cacho de tela colocado, ni estoy para que se giren <i>(pero oye, anima ¿eh?)</i> ni para que se hagan menciones honoríficas a lo que se tapa pero imaginan. Vamos, que digo yo, en pocas palabras e irónicas, que a veces tengo un salero que ni yo me lo creo.</p></div>