Acompasando la vida

Sonando de fondo “Mi persona favorita

Desde que nacemos tenemos la ingente costumbre de compararlo todo. Nos pasamos toda la vida comparando, siendo pequeños comparas tus juguetes con los de tu hermano o vecino. Más mayor, ya comparas la ropa, reloj o cualquier otro accesorio, y así, una y otra vez, una y otra vez, una y otra vez, como el estribillo de una canción.

En la vida en sí, también tenemos tendencia a buscar similitudes, y aunque se nos venga a la cabeza una novela, con sus diferentes actos: planteamiento, nudo y desenlace. Yo la comparo más con una orquesta, interpretando la partitura que te ha tocado vivir.

Empiezas con un solo de piano, que al ritmo del bombo y los timbales, se intenta hacer un hueco en el escenario.
A este piano, se le van incorporando diferentes voces para hacer de su partitura, una composición más rica
Es cuando van llegando a nuestras vidas los trombones, flautas, arpas y demás instrumentos, haciendonos compañía en los diferentes momentos, los buenos, los malos y los regulares.

Y así, la partitura se desarrolla y te acompaña en todo momento.
Unas veces sonarán más los instrumentos de percusión, otra, los de viento metal, y en otras los instrumentos de viento madera. Pero ahí sigue el piano, itentando hacer que sus notas se escuchen en todo el escenario.

Y de repente cuando los demás instrumentos entienden que su cometido sólo es el de acompañar al piano, dejándolo que siga su camino en el pentagrama, la partitura da un giro y aparece en escena un violín; rebelde, rompiendo la homofonía; haciendo que todo parezca un pequeño caos. Con su propio tempo

Y el piano tiene dos opciones; hacer callar al violín, así él seguirá siendo el instrumento principal, arriesgando que todo se convierta en una monótona monofonía.
O intentar acompasarse con el violín y hacer que su melodía, esa primera homofonía que había estando desarrollando, se convierta en polifonía, rica en voces y ritmo.

Así que, si ves que tu partitura se está conviertiendo en monotonía, sólo es cuestión de esperar a que aparezca el violín adecuado y encontrar el momento en el que acompasar tu melodía.

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