El perdón no siempre vale

…. se levantó sobresaltada, tenía el pijama empapado en sudor, las sábanas tenían los colores más intensos debido a la misma reacción, llevaba varios minutos ahogándose, era incapaz de salir del sueño.

Tenía sentimientos encontrados, por un lado sentía alivio, al parecer había sido solo una pesadilla; por otro lado, seguía angustiada, aún habiéndose despertado en la cama y parecer un sueño, lo había sentido todo muy real; era imposible, lo que acababa de experimentar no podía ser fruto, sólo, de su imaginación.

Por fin pudo ponerse en pie, se miró al espejo, era ella, pero las facciones de la cara, ya de por sí bastante marcadas, hacían que todavía pareciera más demacrada.

No podía quitarse de la mente lo vivido unos momentos antes, y salió corriendo hacia el salón. No la separaban más de 4 o 5 metros, en unas zancadas estaría ya allí y podría comprobar, ahora sí estando despierta, si todo había sido un mal sueño o no. Este espacio le pareció más largo aún que el tiempo en poderse levantar.

En ese transcurso de tiempo, se veía dándole consejos a sus hijas: “no siempre vale pedir perdón, coged una hoja de papel y dibujad algo en ella, dádsela cada una a la otra; ahora tenéis el dibujo de vuestra hermana; partid la hoja en varios trozos pequeños”

-en ese instante sus hijas siempre echaban a llorar-

“Y ahora, pedirse perdón; algo se ha solucionado?, se han arreglado los dibujos?. Veis, una cosa es asumir las culpas y pedir perdón; y otra es que con ese hecho se puedan subsanar los fallos; el daño ya está hecho y <<perdón>> no siempre sirve”

Esas palabras y hechos le martilleaban la cabeza; a la vez que se decía una y otra vez: “no te preocupes, verás como todo ha sido una pesadilla, podrás corregir ese error, siendo así sí le serviría en este caso el pedir perdón; perdón a ella misma, y recapacitar para cambiar”

Llegó a la puerta del salón, estaba cerrada; tal era el temblique en las manos que le resultaba prácticamente imposible agarrar con fuerzas el picaporte y poder abrirla..

Ahora los pensamientos eran contrarios, sería incapaz de seguir viviendo sabiendo lo que había ocurrido; tendría que seguir adelante, pero con la losa de haber cometido el mayor de sus errores, y teniendo que aparentar normalidad, por sus conocidos, por sus hijas, y por ella misma.

Por fin pudo traspasar el umbral de la puerta, se giró, y miró hacía el salón.

Se quedó en la puerta, echó a llorar sin consuelo. Y clavó las rodillas en el suelo. Respiró profundamente y pudo ver que todo había sido……..

Deja un comentario